El eterno retorno 2º parcial 3ª evaluación, modelo ortega ideal gas definition chemistry

"Hasta ahora, la filosofía ha sido siempre utópica. Por eso pretendía cada sistema valer para todos los tiempos y para todos los hombres. Exenta de la dimensión vital, histórica, perspectivista, hacía una y otra vez vanamente su gesto definitivo. La doctrina del punto de vista exige, en cambio, que dentro del sistema vaya articulada la perspectiva vital de que ha emanado, permitiendo así su articulación con otros sistemas futuros o exóticos. La razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquélla se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación".

En el texto que se nos propone Ortega, filósofo raciovitalista madrileño (1883 – 1955), afirma la necesidad de instaurar una "razón vital" que pueda dar cuenta de la dimensión temporal y cambiante de la realidad frente a las limitaciones de una "razón pura" imprecisa, deslocalizada y abstracta: “La razón pura tiene que ser sustituida por una razón vital, donde aquella se localice y adquiera movilidad y fuerza de transformación” (líneas 5 – 7).

Frente a esta razón vital, la razón pura aparecía como un órgano inmutable dirigido a la captación de la inmutable esencia de las cosas. Así concebida, era incapaz de integrar el devenir y la mutación que, en cambio, caracterizan siempre la vida. La razón, encastillada en una actitud dogmática, pugnaba por conseguir un punto de vista absoluto sobre la realidad que Ortega califica de “utópico” (línea 1), pues construye su perspectiva desde un imposible “lugar ninguno” (tal es el significado etimológico de “utopía”).

Cada sistema con pretensiones de validez “para todos los tiempos y para todos los hombres” (línea 2) ha buscado ser concluyente y ha acabado por resultar insuficiente: “(la filosofía precedente) … hacía una y otra vez vanamente su gesto definitivo” (línea 3).

La razón de esta insuficiencia se nos señala en las líneas 2 y 3: el haber soslayado la necesaria dimensión vital e histórica que, en cambio, la metafísica de la vida de Ortega subraya. Puesto que la búsqueda de la verdad es un proceso contínuo y abierto que nunca puede darse por concluido, solo desde la noción de “perspectiva” puede articularse el acceso individual (de una persona, de un pueblo, de una época, …) a la verdad: “La doctrina del punto de vista exige … que dentro del sistema vaya articulada la perspectiva vital de que ha emanado”. (líneas 3 – 5). La razón es, en sí misma, una perspectiva vital, por lo que brota de un espacio y un tiempo determinados. Solo la explicitación de esa raíz permite una relación viable con otros sistemas futuros.

Friedrich Nietzsche (filósofo alemán vitalista e irracionalista, 1844 – 1900) construye una crítica demoledora de la moral occidental, a la que tiene por una instancia represora de la voluntad y de la vitalidad humanas. Considera que su aparición es un error fruto del error de la metafísica y del cristianismo, puesto que es una moral de utilidad de la que se sirven los más débiles para medrar en un mundo en el que no disponen de otro recurso eficaz.

Su implementación se inicia con Sócrates, en quien una racionalidad reductora de la complejidad de lo real sustituye a la plenitud de los instintos, y se continúa en su discípulo Platón, iniciador de una interpretación moral del ser para la cual la idea suprema es la idea del Bien. Con ellos se instaura un nefasto formalismo moral, una pretendida universalidad y objetividad de los valores que esconde en realidad preferencias de índole afectiva, particularmente el resentimiento, típico -dice Nietzsche- de los sacerdotes.

El cristianismo, que tomó como base filosófica al platonismo (Nietzsche lo calificó de "platonismo para el pueblo"), erigió una moral que se sustenta en los conceptos de "pecado", "culpa", "arrepentimiento", etc. Para Nietzsche la moral que propugna el cristianismo va directamente contra la naturaleza humana, condenando el instinto y proponiendo como modelo su frustración y represión.

En una línea que anticipa las teorías de Freud, Nietzsche critica la llamada “conciencia moral” como una instancia masoquista sustentada en la inhibición de los instintos, en particular, del instinto de crueldad que, refrenado en su desarrollo hacia lo exterior, se ha vuelto contra el hombre mismo.

En consonancia con su reivindicación del mundo cultural pagano, Nietzsche opone a la “moral de esclavos”, que en la cultura occidental –“nutrida de sangre de teólogos”- representa el cristianismo, una “moral de señores”, orgullosa, creativa y caballeresca.

La idea de sujeto de Ortega es la del “yo con las cosas”, es decir, la del hombre arraigado en unas circunstancias sin las cuales resulta incomprensible: “Yo soy yo y mis circunstancias, y si no las salvo a ellas no me salvo yo” (“Meditaciones del Quijote”, 1914). La realidad circundante forma “la otra mitad de mi persona”, y la reconciliación con la circunstancia (“circum-stantia”) es el destino concreto del hombre.

Nuestra auténtica realidad es una simbiosis entre “yo” y “cosas”, entre interioridad y exterioridad. Las “cosas” sin el “yo” y el “yo” sin las “cosas” carecen de sentido. La verdadera realidad es la del “yo con las cosas”: yo, haciendo algo con las cosas, es decir, viviendo. Por eso, insiste Ortega, la realidad radical es la vida humana. “Radical” no quiere decir única ni más importante, sino justamente “raíz”, soporte, fundamento, aquella realidad en que radican o arraigan todas las demás realidades.

El sujeto de Ortega no es un pensamiento puro, exterior y “desarraigado” del mundo y de la totalidad de la vida. El sujeto no es sólo, sin más, sujeto “cognoscente”, aislado de la historia y de las circunstancias sociales e históricas. La razón vital es razón histórica, pues la vida es histórica. La vida no es un “presente” intemporal. Por esto la razón vital no es extratemporal. El hombre es “lo que le pasa”, lo “sido” tanto como lo que proyecta ser. El hombre va “siendo” y “des-siendo”, el hombre es un inacabable proyecto.

La vida del hombre es un continuo hacerse, es la realización permanente de un proyecto que se está gestando en la historia, en el devenir de la vida. Por eso dice Ortega que “el hombre no tiene naturaleza, sino historia”. La vida del hombre no es estática ni inmutable, como algo acabado, no es un DATO, sino un PROCESO; por eso la historia es un componente esencial de la vida de cada hombre.

Finalmente, el hombre es radicalmente libre. Tiene que elegir formas de vida, posibilidades de hacer algo, elaborarse proyectos o inventarlos, porque no tiene más remedio que inventarse su vida. Nada se nos da hecho, y menos la vida; cada uno tiene que hacer-se-la, cada cual la suya. Vivir es anticipar proyectos de vida, decisión de posibilidades de hacer mi vida.